Aplicación de los nuevos conceptos vertidos en la obra “Sobre la libertad humana individual” al Sistema Jurídico Penitenciario.

Antes de exponer este artículo considero esencial, para procurar evitar que pueda el mismo ser utilizado como excusa para tentaciones totalitarias, citar las siguientes ideas de Ignacio Ellacuría y Jon Sobrino, extraídas de la obra “Ignacio Ellacuría. <<Aquella libertad esclarecida>> ”, de Jon Sobrino / R. Alvarado (eds.). Editorial Sal Terrae, 1999; Cap.5: “Filosofía y Libertad”, págs. 112 y 113:

“La libertad personal, prescindiendo metodológicamente de su esencial componente intersubjetivo y aún social, no está dada de una vez por todas, sino que ha de conquistarse; esta conquista supone, negativamente, la liberación de todas aquellas ataduras, internas y externas, que disminuyen la fuerza de la libertad potencial; y positivamente, el fortalecimiento de la propia autonomía y autodeterminación configuradora, la cual <<no supone la anulación de lo tendencial […] ni el corte de las relaciones con la presión del mundo exterior en todas sus formas, pero sí un cierto dominio sobre todo ello>>. Se trata de un proceso que no termina nunca; lo cual no implica que no se deba dar libertad a los hombres hasta que consigan su plena liberación, pero sí supone que no puede hablarse de libertad personal plena más que como resultado de un largo proceso de liberación. Si definimos la libertad personal por una de sus características esenciales, la autodeterminación, se puede apreciar lo difícil que es hablar de libertad, por más que formalmente se proclame su vigencia, o uno crea que ha elegido libremente”.

ARTÍCULO

Qué duda cabe que la concepción de la libertad humana expuesta en la obra citada tiene una gran repercusión en la sociedad, a todos los niveles. Me quiero referir específicamente a uno de esos niveles: el jurídico.
En relación a lo jurídico si alguien causa un perjuicio a una tercera + se plantean una serie de cuestiones respecto a las cuales quiero expresar mi posición. En primer lugar opino (en concordancia de la concepción de la libertad humana individual que he expresado) que la persona que delinque no ha sido libre para evitar hacerlo. Se trata entonces de alguien que al no haber logrado mayores niveles de libertad para hacer el bien a sí mismo y a los demás, no ha podido evitar el acto delictivo por acción o por omisión, e incluso más, probablemente no ha podido ni siquiera sentir el deseo de evitar el acto, ni tampoco probablemente sentir un deseo contrario al acto. La persona aunque sea consciente de lo que va a hacer, y de las consecuencias que tendrá lo que va a hacer, no puede controlar el impulso irracional que le llevará a actuar. Por lo tanto no podemos considerar culpable a dicha persona. Se deduce de todo lo expuesto que lo que necesita esa persona es una ayuda pluridimensional que le permita alcanzar niveles superiores de libertad constructiva. Formarían parte de la ayuda pluridimensional el asesoramiento psicológico, la psicoterapia, la psicofarmacología, la restructuración de su vida afectiva, laboral y social, etc. Este enfoque coincide con la mentalidad de la rehabilitación del delincuente de nuestra época, pero la lleva radicalmente hasta sus últimas consecuencias. Por lo tanto no es la prisión, tal como se concibe hoy día, el instrumento necesario para la tarea de la rehabilitación, que entiendo que significa en nuestro enfoque ayudarle a lograr grados de libertad constructiva mayores. En lugar de la prisión actual, la persona debería permanecer en establecimientos –por supuesto vigilados- que tuvieran como tarea principal aquella ayuda pluridimensional de la que hablamos. Naturalmente que deberían seguir siendo establecimientos vigilados por la Fuerza Pública. Pero internamente organizados, como digo, las veinticuatro horas al día para la tarea rehabilitadora. Opino que dichos establecimientos deberían estar estructurados, al menos, de forma muy próxima a las conocidas “comunidades terapéuticas”.

En este enfoque desaparece tanto el concepto de culpa como el concepto de castigo. Otra cosa diferente es que la sociedad tiene derecho a protegerse del delincuente.

En este enfoque y concepción de la libertad humana desaparece el “tiempo” de duración de la “penalización” y queda sustituido por el “tiempo” de duración de la “rehabilitación”. Naturalmente se deduce ya por lo dicho que en el nuevo enfoque no existe el concepto de penalización. Pero paradójicamente veremos que el “tiempo de la rehabilitación” será en la mayoría de los casos superior al “tiempo de la penalización”. ¿Cuánto puede durar el “tiempo” de la penalización”? Este tiempo puede ser breve y siguiendo un continuum, puede durar toda la vida. Todo depende de la capacidad actualizada que tenga la Ciencia para lograr que el individuo logre el grado de libertad interna suficiente como para poder garantizar que no volverá a delinquir. Se comprende entonces que aquí la función de los profesionales de la salud mental es primero y principal, así como su responsabilidad social. El Juez solo ratificaría la decisión de los profesionales de la salud mental. De esta forma se acabaría el eterno problema de que la puesta en libertad de una persona, al ser debida a la finalización del “tiempo de la penalización” y de ser este “tiempo” inferior al “tiempo de la rehabilitación”, existe el grave riesgo, por todos conocidos, de la reincidencia en el delito. Es decir, los profesionales de la salud mental podrán un día dar por acabado el “tiempo de rehabilitación”, siempre y cuando, lógicamente, el individuo haya logrado el grado de libertad personal individual que le capacita definitivamente para no delinquir de nuevo. Se intuye ya, por lo dicho, que el “tiempo de la rehabilitación” es equivalente al “tiempo de la curación”. En mi opinión libertad interna individual suficiente, rehabilitación suficiente, curación suficiente y salud mental suficiente, son expresiones equivalentes. Por decirlo de forma abreviada el ser humano bueno es equivalente al ser humano sano mentalmente y viceversa.

Se deduce de lo dicho que si la Ciencia no sabe actualmente como se cura un Trastorno Psíquico, el “tiempo de la rehabilitación” es indefinido y queda a la espera de que la Ciencia haya avanzado lo suficiente como para resolver dicho Trastorno Psíquico. Es evidente, entiendo, pues, que el leve o grave déficit de la libertad humana individual conlleva un menor o mayor Trastorno Psíquico. Si tenemos en cuenta que esto es aplicable a casi la totalidad de las personas privadas de libertad en las prisiones actuales, se entiende ya el alcance de las presentes reflexiones. ¿Nos extrañaría que un asesino o un violador fuese privado de libertad durante toda su vida? A la vista de la gravedad de estos delitos y por lo tanto del riesgo social que suponen, ¿no es congruente que le se aparte de la sociedad hasta que un día la Ciencia pueda certificar que la persona ha quedado “curada”, o sea, incapaz ya de cometer dichos delitos? Mi respuesta es sí. ¿No es un derecho de la sociedad quedar protegida el tiempo que sea necesario, y si es un tiempo indefinido ha de ser indefinido? Mi respuesta es sí. Sí, hasta que la Ciencia logre curar al delincuente. En mi opinión hasta las conductas sutilmente delictivas llevan detrás, al menos, un Trastorno de la Personalidad. Quiero volver a subrayar que el hecho de que una persona sea consciente de un impulso interno y de las consecuencias que tendría el hecho de llevarlo a la acción, no significa que la persona tenga capacidad para frenar dicho impulso. Será la Ciencia la que en su progreso constante descubra mediante qué medios la persona llegará a ser capaz de controlar su impulso. Se deduce de estas reflexiones que la persona incapaz de controlar su impulso tampoco tiene responsabilidad frente a su acción, ni es culpable por ello. Dicha persona necesita los recursos de la Ciencia para llegar a controlar su impulso y entiendo que la sociedad tiene derecho a que se le prive de libertad a dicha persona hasta que la ciencia tenga conocimientos suficientes para dotar de autocontrol a dicha persona. Otro aspecto de este problema es que la víctima tiene derecho a una restitución tanto moral como económica en su caso. A mi entender es el Estado quien debe elaborar los procedimientos adecuados para que la víctima y su familia les llegue la restitución moral y, en su caso, económica. Que la víctima, su familia y la sociedad en general reaccionen con indignación, rabia, odio, afán de venganza, etc. es algo humanamente comprensible, pero no tiene cabida en la articulación del proceder institucional en relación con el agresor, desde el enfoque que estoy proponiendo. Por supuesto, entiendo, que tampoco la víctima, ni su familia ni la sociedad como colectivo son libres de sentir o no indignación, rabia, odio, afán de venganza, etc.: no pueden evitar sin más, sentir lo que sienten. Frente a este tipo de sentimientos “lógicos”, es el sistema quien debe instituir procedimientos para amortiguar y al fin hacer desaparecer dichos sentimientos. Es decir, procedimientos para al menos amortiguar el sufrimiento que dichos sentimientos conllevan. Desde este enfoque queda claro que el procedimiento institucional sobre el agresor no es en ningún caso elaborado desde el concepto de culpa del agresor, ni desde los conceptos de castigo y menos aún de venganza. Desde esta perspectiva entiendo que:

1. Sería mayor el número de personas “agresoras” a las que se le aplicaría esta forma de intervención institucional.
2. El “tiempo de la rehabilitación” (que coincidiría con el tiempo de “intervención institucional”), podría ser mayor que el “tiempo de penalización”. Creo que en las actuales circunstancias, esto sería así en más del 90% de los casos.
3. El fin del “tiempo de la rehabilitación” sólo llegará si la Ciencia es ya capaz de dotar al individuo de un mayor grado de libertad personal constructiva.
4. El fin del “tiempo de la rehabilitación” lo ha de marcar un experto en el funcionamiento del psiquismo humano, y la función del juez sería, dar carácter oficial a este final, pero, en ningún caso sería el juez quien establecería el “tiempo de la rehabilitación”.
5. El “tiempo de la rehabilitación” ha de realizarse en instituciones especiales donde, por una parte, la fuerza pública asegurara la privación de libertad y, por otra parte, toda la organización interna de la institución debe estar orientada a la terapia.
6. En el estado actual de los conocimientos científicos, el “tiempo de la rehabilitación” puede ser, en un porcentaje de casos, ilimitado, es decir, para toda la vida del sujeto.z
7. Dado que la ciencia logra sus mayores cambios en el autocontrol del individuo aplicando una combinación adecuada de psicofármacos y de psicoterapia, la privación de libertad y el “tiempo de la rehabilitación”, no sólo daría derecho a la privación de libertad física, sino a la obligatoriedad de la aceptación de la psicoterapia, así como también a la obligatoriedad de la aceptación de los tratamientos psicofarmacológicos.
8. Desde esta perspectiva se concibe al ser humano en un proceso gradual en cuanto a su capacidad de libertad, y sin embargo, como ya se citó al principio, siempre hemos de presuponer la capacidad de libertad de un sujeto a priori.
(**Obra del Dr. Juan Luis Miranda Romero, no publicada).

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