El barco sin pila y sin timón

Una forma sencilla y aproximada de explicarles a mis pacientes y clientes el lugar que ocupa la medicación psicofarmacológica y la psicoterapia como herramientas de trabajo terapéutico en nuestra profesión de psiquiatra, es poniéndoles el ejemplo de un barquito teledirigido de juguete, de esos con los que juegan niños y adultos en cualquier estanque de agua de la ciudad.

el barco sin pila y sin timón
el barco sin pila y sin timón

Les digo que si el barquito no tiene pilas no puede funcionar y que, si además, tampoco tiene timón, es imposible que lo dirijamos –o que se dirija- a un punto determindo. Pues bien, las pilas, la energía, les digo, la pone la medicación psifarmacológica. Bien, ya tenemos al barquito con energías para dirigirse a donde queramos –o quiera-. Pero al no tener aún timón, si lo ponemos en marcha –o si se pone en marcha- tarde o temprano “se la pegará”, chocará con otro barco, o con un arrecife, o contra el muelle del puerto. Pues bien, hay que ponerle el timón. ¿Pero quien o qué es lo que pone el timón?: la psicoterapia, la terapia por la conversación. La psicoterapia se puede entender de muy diversas formas (hay infinidad de Escuelas de Psicoterapia; como sabemos está el psicoanálisis; la psicoterapia centrada en el cliente de Carl R. Rogers; el conductismo; el psicoanálisis de Otto F. Kernberg; la Terapia Guestáltica; la Terapia Bioenergética; el Entrenamiento Autógeno de Schultz; la Hipnosis; el Psicodrama Moreniano; Terapia por la Realidad; Terapia por la Imaginación; Terapia Simbólica; El Método de Alexander; la Logoterapia de Victor Frankl, y un sin fin más), pero aquí me interesa subrayar las psicoterapias que ofrecen al paciente o cliente verdaderos mapas de navegación por la vida. Éste es el tipo de terapia que viene mejor a nuestro sencillo e inexacto, pero orientador ejemplo. Buenos mapas de navegción que nos guien en la vida es lo que dota al paciente o al cliente de un buenísimo timón. Y ahora sí, el barco está preparado para iniciar la travesía que se proponga.

Aprovecho este ejemplo para hablar de la medicación en psicoterapia. He de decir antes, que casi todos los estudios de investigación que conozco demuestran que la acción terapéutica conjunta de medicación psiquiátrica psicofarmacológica y psicoterapia (todos los tipos de métodos de terapia a través de la conversación, estudiada científicamente) es la que, casi siempre logra mejores resultados terapéuticos. Pues bien, dado el carácter del presente libro, el lector podría llegar a pensar que el autor cree mucho más en la eficacia de la psicoterapia que en la de la medicación psiquiátrica. Pues no. Mis treinta años de experiencia como médico psiquiatra y mis años de formación en psiquiatría comenzados ya antes de comenzar a carrera de medicina, través de maestros psiquiatras, me han convencido tanto de la eficacia de la psicoterapia como de la medicación psiquiátrica. Mis tres maestros psiquiatras me decían que yo era un “grupófilo”, debido a lo que siempre me gustó –y me gusta- la psicoterapia de grupo. Desde la edad de 17 años comencé a conocer la psiquiatría, cuando ni tan siquiera había comenzado a estudiar Medicina. Pues bien, estoy, aún a mi edad, sorprendido de la eficacia de la psicoterapia de grupo, tanto para curar como para fomentar el desarrollo personal. Pero también estoy convencido de la eficacia de la psicofarmacología tanto en las enfermedades mentales, como en los trastornospsicológicos cotidianos (depresión, ansiedad, insomnio, estrés, etc), así como –y lo digo de forma contundente-, su eficacia en los trastornos de la personalidad. Es asombroso, y lo será más en el futuro, cómo la medicación psiquiátrica es eficaz, a menudo, para suprimier rasgos patológicos de la personalidad. Hoy día es relativamente fácil liberar a una persona de su rabia crónica, su irritabilidad frecuente, su odio, afán de venganza, celos, etc., si se enmarcan dentro de un trastorno de la personalidad. El psiquiatra eminente Theodore Millon, especialista en Trastornos de la Personalidad (junto con el otro psiquiatra y psicoanalista eminente, Otto F. Kernberg, también especialista en los Trastornos de la Personalidad, ambos estadounidenses), considera que una cosa es el “trastorno” y otra, lo que él denomina “estilo” de la personalidad. Demuestra que sólo una proporción baja de la población sufre el “trastorno”. Los demás no lo sufren, pero que todos tenemos algunas características de dichos trastornos. Algunos muy pocas características y poco intensas y otros algunas más características y algo más intensas. Es decir, opina que todos estamos dentro de un “continuum” de menos a más, dentro de cada tipo de patología de la personalidad, sin llegar a ser patológico, hasta que ya, fuera de ese continuum, se encuentran el pequeño porcentaje, relativamente hablando, que sí que padece patológicamente el “trastorno” con todas sus características. Tal como yo o veo, y hasta donde estoy informado, sólo conozco un estudio, efectuado el año 1984, en el que se estimó que el porcentaje de personas sanas psicológicamente es de un 1% de la población. Quizás este 1% se ve libre incluso del “estilo” de personalidad. Lo que quiero decir es que las personas –la mayoría de la población- sufre el estilo y éste, a mi entender tiene que ver con personas que no necesitan psicofármacos ni psicoterapia para “curarse” pero sí para desarrollarse mejor como personas, es decir, aproximarse lo más posible a aquel 1% de población que quizás no sufra ni el “estilo” de personalidad. Tiendía a pensar que, en un futuro no muy lejano, debido a que los psicofármacos son cada vez más eficaces tanto en las enfermedades mentales como en los trastornos psicológicos comunes como la depresión, la ansiedad, el estrés, etc., los psiquiatras quizás se especializaran en la utilización de los psicofármacos para tratar todo tipo de trastornos. Y, sin embargo, la psicoterapia quedaría reservada para los procesos de “desarrollo personal” no pertenecientes a la psicopatología. Pero actualmente ya no lo veo así, debido a que tanto los psicofármacos como las psicoterapias son cada vez más efectivas tanto en los procesos de desarrollo normales como en los procesos psicopatológicos.

 

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