La muerte

La muerte
La muerte

También puede significar aquellos momentos en la vida donde el miedo nos domina, o bien, necesitamos descanso, relajación y alejamiento respecto a los problemas que se nos plantean. Es un movimiento regresivo hacia etapas de la vida menos difíciles de afrontar. Utilizando otra forma de simbolizarlo, éste movimiento es similar al de volver a la “madriguera” buscando la calma de etapas de la vida más fáciles o en las que por edad teníamos la protección de nuestros mayores.

Allí donde no se toma en absoluto consciencia del “anhelo de fusión con el otro” aparece el instinto de muerte. No basta la capacidad de sentir y saber que el gran “Otro” de Lacan, existe, es necesaria la aparición del deseo genuino de identificarse con el “Otro”, del deseo de ser como el otro de alguna manera, porque el “Otro” puede ser odiado y ser deseada su tortura y su muerte, como el simple conocimiento de los hechos que ocurren en nuestra realidad cotidiana, desgraciadamente, nos demuestran cada día. Por eso es tan importante, en este sentido, la desrepresión del Principio Materno. Pero no se ha de caer en la desvalorización de ninguno de los dos Principios. El descuido del Principio Paterno entre los aliados al principio de la Segunda Guerra Mundial acarreó miles de miles de víctimas que puedieron ser evitadas, pero la relajación excesiva y la negligencia de no caer en la cuenta de que el enemigo siempre existe y la falta de preparación al respecto, demoró trágicamente la capacidad de reacción rápida de los aliados. El enemigo potencial siempre existe y cuando despierta nunca hace ruido y se vale de todo tipo estratagemas despistadoras. No se debe olvidar que el instinto de muerte, Mefistófeles –como les enseño a mis pacientes y clientes-, no es simplemente una fuerza sin más que empuja a la muerte, sino que es todo un personaje muy, pero que muy inteligente y que se vale de todo tipo de estrategias para menoscabar nuestra propia calidad de vida y la de los demás, así como llevarnos a la muerte biológica en cuanto pueda. Se vale del simple despiste nuestro, “es que se me olvidó”, hasta de las planificaciones más macabras jamás imaginadas, tal como pasó en la Segunda Guerra Mundial. Si nos creemos que la imaginación puesta al servicio de proporcionar dolor humano y muerte, se agotó en dicha guerra, somos de nuevo unos ingenuos en manos del Mefistófeles que llevamos dentro. Nadie se imagina hoy día de qué será capaz la “imaginería macabra” en la próxima gran guerra.

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