LA TAREA ASISTENCIAL EN PSIQUIATRÍA

 

LA TAREA ASISTENCIAL EN PSIQUIATRÍA

La práctica asistencial en psiquiatría y psicoterapia, como ocurre con otras especialidades de la medicina (oncología, oncología infantil, neurología –demencias, etc., etc.), si el médico no se pone una comprensible pero indeseable supercoraza anímica, le penetra hasta el fondo de su corazón y le hace vivir en una permanente situación de cambio emocional interno y replanteamientos intelectuales permanentes en espiral, debido a la intensa necesidad de dar explicación humana, psicosocial, sociológica, económica, política, histórica al fin, a las realidades que ve y conoce a través de sus pacientes y familiares de los mismos. La práctica asistencial es una ventana al mundo y demanda al médico como ser humano sensible, profundización emocional e intelectual de las realidades que ni siquiera sospechaba: el cuarto mundo entre nosotros, solo visible para quien lo quiere ver. En el momento más inesperado tiene el médico delante de sí mismo a una persona que le está relatando toda una biografía en la que casi no hay nada de positivo. Su madre ha sido toda la vida una enferma mental crónica, su padre nunca ha hecho de padre, ha crecido en la calle, prácticamente como un huérfano, sin escolarización, sin un modelo mínimamente sano de pareja paterna. Sin educación normativa ni expresiones de afecto. El médico queda impactado, aunque cuando se tiene experiencia clínica, el impacto no es la novedad –aunque siempre se ven situaciones sorprendentemente nunca imaginadas-, es el hecho de que el profesional rápidamente y con mucha preocupación, se da cuenta de que curar psíquicamente a esa persona es, en la práctica, imposible. Necesitaría un tratamiento que no será inferior a diez o quince o más años. El enfermo no tiene consciencia de enfermedad. Y en el caso de que logremos que la tenga, ¿estará dispuesto a realizar un esfuerzo terapéutico tan colosal? Y si lo está, ¿Quién se lo proporcionará? La psiquiatría pública no tiene recursos para afrontar tratamientos tan intensivos y la psiquiatría privada es muy cara. Estos hechos dejan al profesional verdaderamente sumido en la impotencia y en la piedad. Es comprensible, entonces, que el profesional se vea impelido a preguntarse por las causas últimas de esas realidades dramáticas. Esto le lleva coherentemente a indagar y a formarse en diversas disciplinas aparentemente alejadas de su labor profesional. Siempre ha sido mi convencimiento que incluso ayudar en el Tercer Mundo requiere una formación intelectual y humanística muy importante si el “ayudador” no quiere caer en enfoques y actitudes erróneas y dolorosas para el “ayudado” (las víctimas), como, por ejemplo, humillar a las víctimas como si no tuvieran nada que enseñarnos ni nada que hacer para ayudarnos como personas. ¡Es tan fácil pensar que, al fin y al cabo, nuestro paciente inayudable, grave y supuestamente crónico y su familia, tienen la culpa de lo que les pasa, por falta de voluntad negligente o, peor aún, porque los pobres y descarrilados lo son porque son genéticamente poco inteligentes! Las ideologías genetistas sobre la inteligencia se ponen al alza en períodos de penuria económica. No es de extrañar, por ejemplo, que alguien haya dicho pública y recientemente, que los subsajarianos se juegan la vida en las pateras para llegar a Europa porque tienen afán de “aventura”, como seguro que hay más de una  persona que piense que si están en la miseria es porque los negros son una raza de vagos e indisciplinados, en lugar de caer en la cuenta de que África ha sido siempre abandonada a su suerte, más incluso, África ha sido y para muchos poderes sigue siendo, un Continente al que, simplemente, hay que dejar morir. Es por todo esto que todos y, especialmente, el profesional de la ayuda directa persona a persona, ha de formarse, estudiar, viajar y dialogar y hacer suya la convicción de Paulo Freire de cómo el educando educa al educador. Así, los profesionales han de formarse en disciplinas tan aparentemente alejadas de su profesión como son economía-política, sociología, psicolingüística y métodos de manipulación ideológica y estratégica a través del lenguaje (un profesional de la ayuda no puede desconocer la obra de Noam Chomsky), filosofía, ética y civilización (es increíble que hoy día ningún político del mundo hable del concepto de Civilización ni de sus Ideales, así como tampoco hablan  de ética y civilización. Los pocos intelectuales que hablan de estos temas cruciales están tan fuera del alcance del gran público como lo están el lenguaje que utilizan. Antropología, religiones comparadas, teología, conceptos de justicia social, justicia distributiva, ciencia versus magia, etc., etc., son otras tantas disciplinas en las que los profesionales de la ayuda han de formarse si no quieren aumentar el sufrimiento del “Otro” en lugar de disminuirlo. El nivel cultural de los profesionales de la salud mental es fundamental para no hacer interpretaciones equivocadas y destructivas para el “ayudado”.

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