La vida

Este es un mensaje puramente intuitivo. ¿Verdad?

Indica un movimiento hacia adelante. La ilusión de luchar en la vida por aquello que uno más valora. La valentía de permanecer en el presente y el futuro. Significa avanzar tres escalones. Perder el miedo y luchar en la rutina de la vida y en las situaciones difíciles que se nos plantean. Conservar los ideales.

la vida
La vida

Esto parece correcto. Pero no hay que olvidar que la vida es, ante todo, el reino del Principio Materno. Viene a verme una persona cuya estructura es de predominio del Principio Paterno. Es una persona que logra y valora su autonomía personal y su valentía para desenvolverse en la vida. Su lista de cualidades patriarcales es larga y al finalizar lo fundamental que deseo señalar de esta persona describiré varias de dichas cualidades patriarcales en ella. Pero la intención es centrarme ahora en lo que considero el núcleo fundamental de dicha persona. Se defiende muy bien en el mundo laboral, es una persona muy capaz en su trabajo, respecto al que tiene una larga experiencia de veinte años. Es rápido de pensamiento y acción. Tiene, en este sentido, buenos reflejos mentales. Tal como se han puesto las cosas en el mundo del trabajo, donde cada vez más requieren y contratan (tanto en la empresa privada como en la administración) personas rápidas mentalmente, con buena memoria, ágiles en las gestiones laborales, etc., las personas que, constitucionalmente, tienen tendencia a desenvolverse relajadamente, con capacidad de poner atención a las cosas pero pensando despacio y realizando las cosas sin prisas, comprensivas, flexibles, etc., cada vez son recibidas con menos agrado por el mundo laboral que está, mundialmente, envuelto en la vorágine creciente de la rapidez (véase la obra “Elogio de la lentitud. Un movimiento mundial desafía el culto a la velocidad”, de Carl Honoré; R.B.A Libros, S.A.; Barcelona, 2004). Volviendo al paciente, éste es inconsciente de su parte de Principio Materno. Pero desde hace unos seis años le ocurre algo que, para su perfil de carácter citado (véase, al principio del presente libro las características de los Principios Materno y Paterno, para entender mejor estas argumentaciones), es una de las experiencias psíquicas más insoportables para él: sufre episodios de pérdica absoluta de autocontrol, con pérdida, la mayoría de las veces, de la memoria de lo que ha realizado durante el episodio. La tarea analítica que estamos realizando le ha permitido tomar consciencia, por primera vez en su vida del “anhelo de fusión” emocional y sexual. Para su sorpresa, en una sesión psicoanalítica, se sorprendió a sí mismo, verbalizando su deseo de “fusionarse” sexualmente, y lo asoció, en el fluir espontáneamente de su verbalización, con dos cuerpos desnudos entrelazados y totalmente relajados. Se sorprendió a sí mismo al darse cuenta de lo que acababa de decir, y expresó que era la primera vez en su vida que utilizaba la palabra fusión (y no se trata de una persona lectora de temas psicológicos) y también la primera vez en su vida que espresaba esas emociones. Al indicarle que la “relajación” va con el Principio Materno y que la “tensión” con el Principio Paterno, se quedó impresionado y manifestó que hacía unos diez años que no paraba de tener en mente su necesidad de relajarse, pero que no lo conseguía. Con la toma de consciencia de su anhelo emocional de fusión sexual, ha sabido de la existencia de dicho anhelo, pero éste es sólo la parte visible de un iceberg cuya parte aún invisible (inconsciente) es nada menos que casi todas las características del Principio Materno que se encuentra, casi totalmente reprimido en esta persona. Es el Principio Paterno el que mantiene esta férrea represión sobre el Principio Materno. Suele ser así. Para el Principio Paterno la toma de consciencia de “anhelos de fusión”, sexuales o no, es algo que le produce mucha angustia debido a que donde se sienten deseos de “fusión” satisfechos aparece el deseo de volver periódicamente a dicha satisfacción y esto es entendido y sentido por el Principio Paterno como una “dependencia” del “otro”, dependencia que es abiertamente rechazada por el Principio Patriarcal. Pero el Principio Materno está pleno de sentido existencial y tiene una enorme capacitad de dar sentido a la vida, es decir, hay mucho en juego para la persona como para mantenerlo reprimido toda la vida. Si el juego de fuerzas existenciales y circunstanciales de una persona de predominio del Principio Patern cambia, ocurre lo que a ésta persona, el comienzo de la desrepresión correspondiente. Pero esto es vivido como un movimiento sísmico por la persona y moviliza angustias intensas durante todo el período que lleve la desrepresión. Una vez lograda ésta, la angustia desaparece, si bien, la parte equivocadamente denominada “frágil” de la personalidad ya está en la consciencia y la persona pierde definitivamente la pseudoseguridad que le hacía sentir el Principio Paterno cuando éste dominaba la consciencia. Existencialmente la persona ya no será la misma. Por primera vez en su vida y para siempre, habrá comprendido que la “debilidad” y la “incapacidad” también existen y no son fruto de la “poca fuerza de voluntad”, pero también la persona aprenderá que existe la empatía, la solidaridad, la fuerza de la unión, la compasión, el “principio misericordia” que se comentó en otra parte del presente libro, y muchas cualidades humanas que tienen la fuerza de la “hoja de hierba” que es capaz de doblarse en sí misma un ángulo de 180 grados sin romperse. Por lo demás, la persona de cuyo psicoanálisis me he referido, todavía reside en el reino de lo paterno –que también es necesario en la vida- con cualidades patriarcales útiles y variadas, si bien, en este caso, excesivamente circunscritas a su trabajo, como su competitividad, su respeto pero no sumisión a los jefes, su capacidad de trabajo en equipo, su predisposición de servicio al cliente desde lo paterno, su vocación de enseñar a sus compañeros aspectos del trabajo pero sin el menor atisbo de sentimentalismo o dependencia, su responsabilidad, el recurrir a los jefes solamente cuando necesita saber algo que por su misma naturaleza sólo lo pueden saber los jefes y no buscar ningún tipo de apoyo emocional en éstos, su deseo de responsabilidad en el aprendizaje mutuo contínuo, su búsqueda genuina de nuevos conocimientos profesionales, la búsqueda de su sentido de poder (laboral) para lograr vivir bien, su coraje por ser cada vez más independiente en el mundo laboral, etc.

 

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