Principio paterno patológico por exceso y los procesos de fragmentación e irradiación

Se desea indicar con este dibujo que cuando la estructura de personalidad es de predominio del principio paterno hay un grado mayor o menor de fragmentación en la personalidad, lo cual implica que hay irradiación, es decir, hay síntomas de diverso tipo e intensidad. También indica que la persona tiende a sufrir trastorno explosivo intermitente cada vez que se enfrenta a una situación no empática. Recordemos que las tres posibles reacciones ante una herida narcisista por fallo de empatía son la depresión, la huida o la agresividad hacia el otro.

Principio paterno patológico por exceso y los procesos de fragmentación e irradiación
Principio paterno patológico por exceso y los procesos de fragmentación e irradiación

Principio materno patológico por exceso y los procesos de fragmentación y irradiación

Se desea indicar con este dibujo que cuando la estructura de personalidad es de predominio del principio materno hay un grado mayor o menor de fragmentación en la personalidad, lo cual implica que hay irradiación, es decir, hay síntomas de diverso tipo e intensidad. También indica que la persona tiende a sufrir trastorno explosivo intermitente cada vez que se enfrenta a una situación no empática. Recordemos que las tres posibles reacciones ante una herida narcisista por fallo de empatía son la depresión, la huida o la agresividad hacia el otro.

Principio materno patológico por exceso y los procesos de fragmentación y irradiación
Principio materno patológico por exceso y los procesos de fragmentación y irradiación

Trastorno explosivo intermitente y principio paterno excesivo

Se desea indicar con este dibujo que cuando la estructura de personalidad es de predominio del principio paterno hay un grado mayor o menor de fragmentación en la personalidad, lo cual implica que hay irradiación, es decir, hay síntomas de diverso tipo e intensidad. También indica que la persona tiende a sufrir trastorno explosivo intermitente cada vez que se enfrenta a una situación no empática. Recordemos que las tres posibles reacciones ante una herida narcisista por fallo de empatía son la depresión, la huida o la agresividad hacia el otro.

Trastorno explosivo intermitente y principio paterno excesivo
Trastorno explosivo intermitente y principio paterno excesivo

Hace muchos años vino a verme una pareja en la cual él sufría un trastorno explosivo intermitente que se manifestaba con gritos, patadas, y rotura de objetos –como es típico en los trastornos explosivos intermitentes-, y que los sufría con relativa frecuencia de tanto en tanto. Era fundamental, además del tratamiento psicofarmacológico y del tratamiento psicoeducativo a ambos miembros de la pareja, el averiguar cual era la causa de las explosiones. El tratamiento duró dos años, al cabo de los cuales el paciente logró superar por completo las explosiones agresivas, no así la causa de fondo que se vió. Él era una persona de predominio del Principio Paterno en su personalidad. Poco a poco se puso de manifiesto que desvalorizaba a su mujer. Con la continuación de la exploración psicoanalítica antropológica, se vió que el padre del paciente, según éste, tenía la misma estructura de personalidad paterna o patriarcal que él. Se identificaba muy positivamente con su padre. La relación era, según él, de mutua admiración. Al parecer eran dos personas que se idealizaban una a la otra y a sí mismas, de forma que, según mi punto de vista, ninguna de ambas habían sufrido el proceso de desidealización óptima respecto a la grandiosidad genética, esta vez, en ambos, del Principio Paterno. Dicho de otra forma, ninguno de ambos, ni padre ni hijo, había sufrido nunca en sus vidas un proceso que podríamos llamar de “decepción óptima” respecto de sí mismos y respecto uno del otro. No permitieron, por así decirlo, que la realidad modificara los anhelos grandiosos de perfección en ninguno de ambos. A partir de ahí, el paciente, el hijo, ya que es a él al que estamos analizando, comparaba constante y diariamente la personalidad de su mujer con la personalidad de su padre, y centraba su atención en la “feliz” identificación que él sentía hacia su padre y la “infeliz” falta de identificación de él con su mujer. Como no podía ser de otra manera, él, a partir de la diferencia de entre la felicidad sentida en la relación con su padre y la infelicidad sentida en la relación con su mujer, culpaba de ésta situación y de todo el problema a su mujer, argumentando que ésta no tenía el carácter que él pudiese admirar y así sentirse feliz en la relación con su mujer. Naturalmente, el carácter de ella debía ser como el de su padre, y las diferencias eran consideradas como fallos de la personalidad de ella y nunca de la de su padre. El padre idealizado estaba libre de defectos en su forma de ser. Pero no fue –como nunca lo suele ser- la toma de consciencia de él de esta problemática interna, lo que acabó con las explosiones agresivas cada vez que el tema de fondo se concretaba en una frustración cotidiana vivida por él en relación al supuesto carácter indebido de su mujer, sino la combinación del tratamiento psicofarmacológico para él y del tratamiento pscoeducativo para ambos a fin de que ambos aprendieran cómo tenían que actuar desde el momento que él detectase el inicio de la explosión agresiva en él y/o desde el momento en el que ella detectava que en e´l se estaba poniendo en marcha la agresividad. No es fácil acertar con qué actitud hay que tratar a una persona que está padeciendo un episodio de un trastorno explosivo intermitente. Es fácil saber lo que no hay que hacer, como, por ejemplo, discutir, sermonear, callarse de forma descalificatoria, enfrentarse agresivamente al paciente, etc., que saber lo que hay que hacer. Desde luego lo que hay que hacer es transmitir una actitud serena , considerada y empática al enfermo, pero es muy difícil lograr que al paciente le llegue dicha actitud adecuadamente adoptada por el conyuge. Curiosamente, este trastorno aparece con las personas conlas que tenemos relaciones afectivas más profundas y es raro fuera de dichas situaciones. En este sentido es un trastorno que se vive y se sufre, casi siempre, en familia.

Trastorno explosivo intermitente y principipo materno excesivo

Se desea indicar con este dibujo que cuando la estructura de personalidad es de predominio materno hay un grado mayor o menor de fragmentación en la personalidad, lo cual implica que hay irradiación, es decir, hay síntomas de diverso tipo e intensidad. También indica que la persona tiende a sufrir trastorno explosivo intermitente cada vez que se enfrenta a una situación no empática. Recordemos que las tres posibles reacciones ante una herida narcisista por fallo de empatía son la depresión, la huida o la agresividad hacia el otro.

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Trastorno explosivo intermitente y principipo materno excesivo

El barco sin pila y sin timón

Una forma sencilla y aproximada de explicarles a mis pacientes y clientes el lugar que ocupa la medicación psicofarmacológica y la psicoterapia como herramientas de trabajo terapéutico en nuestra profesión de psiquiatra, es poniéndoles el ejemplo de un barquito teledirigido de juguete, de esos con los que juegan niños y adultos en cualquier estanque de agua de la ciudad.

el barco sin pila y sin timón
el barco sin pila y sin timón

Les digo que si el barquito no tiene pilas no puede funcionar y que, si además, tampoco tiene timón, es imposible que lo dirijamos –o que se dirija- a un punto determindo. Pues bien, las pilas, la energía, les digo, la pone la medicación psifarmacológica. Bien, ya tenemos al barquito con energías para dirigirse a donde queramos –o quiera-. Pero al no tener aún timón, si lo ponemos en marcha –o si se pone en marcha- tarde o temprano “se la pegará”, chocará con otro barco, o con un arrecife, o contra el muelle del puerto. Pues bien, hay que ponerle el timón. ¿Pero quien o qué es lo que pone el timón?: la psicoterapia, la terapia por la conversación. La psicoterapia se puede entender de muy diversas formas (hay infinidad de Escuelas de Psicoterapia; como sabemos está el psicoanálisis; la psicoterapia centrada en el cliente de Carl R. Rogers; el conductismo; el psicoanálisis de Otto F. Kernberg; la Terapia Guestáltica; la Terapia Bioenergética; el Entrenamiento Autógeno de Schultz; la Hipnosis; el Psicodrama Moreniano; Terapia por la Realidad; Terapia por la Imaginación; Terapia Simbólica; El Método de Alexander; la Logoterapia de Victor Frankl, y un sin fin más), pero aquí me interesa subrayar las psicoterapias que ofrecen al paciente o cliente verdaderos mapas de navegación por la vida. Éste es el tipo de terapia que viene mejor a nuestro sencillo e inexacto, pero orientador ejemplo. Buenos mapas de navegción que nos guien en la vida es lo que dota al paciente o al cliente de un buenísimo timón. Y ahora sí, el barco está preparado para iniciar la travesía que se proponga.

Aprovecho este ejemplo para hablar de la medicación en psicoterapia. He de decir antes, que casi todos los estudios de investigación que conozco demuestran que la acción terapéutica conjunta de medicación psiquiátrica psicofarmacológica y psicoterapia (todos los tipos de métodos de terapia a través de la conversación, estudiada científicamente) es la que, casi siempre logra mejores resultados terapéuticos. Pues bien, dado el carácter del presente libro, el lector podría llegar a pensar que el autor cree mucho más en la eficacia de la psicoterapia que en la de la medicación psiquiátrica. Pues no. Mis treinta años de experiencia como médico psiquiatra y mis años de formación en psiquiatría comenzados ya antes de comenzar a carrera de medicina, través de maestros psiquiatras, me han convencido tanto de la eficacia de la psicoterapia como de la medicación psiquiátrica. Mis tres maestros psiquiatras me decían que yo era un “grupófilo”, debido a lo que siempre me gustó –y me gusta- la psicoterapia de grupo. Desde la edad de 17 años comencé a conocer la psiquiatría, cuando ni tan siquiera había comenzado a estudiar Medicina. Pues bien, estoy, aún a mi edad, sorprendido de la eficacia de la psicoterapia de grupo, tanto para curar como para fomentar el desarrollo personal. Pero también estoy convencido de la eficacia de la psicofarmacología tanto en las enfermedades mentales, como en los trastornospsicológicos cotidianos (depresión, ansiedad, insomnio, estrés, etc), así como –y lo digo de forma contundente-, su eficacia en los trastornos de la personalidad. Es asombroso, y lo será más en el futuro, cómo la medicación psiquiátrica es eficaz, a menudo, para suprimier rasgos patológicos de la personalidad. Hoy día es relativamente fácil liberar a una persona de su rabia crónica, su irritabilidad frecuente, su odio, afán de venganza, celos, etc., si se enmarcan dentro de un trastorno de la personalidad. El psiquiatra eminente Theodore Millon, especialista en Trastornos de la Personalidad (junto con el otro psiquiatra y psicoanalista eminente, Otto F. Kernberg, también especialista en los Trastornos de la Personalidad, ambos estadounidenses), considera que una cosa es el “trastorno” y otra, lo que él denomina “estilo” de la personalidad. Demuestra que sólo una proporción baja de la población sufre el “trastorno”. Los demás no lo sufren, pero que todos tenemos algunas características de dichos trastornos. Algunos muy pocas características y poco intensas y otros algunas más características y algo más intensas. Es decir, opina que todos estamos dentro de un “continuum” de menos a más, dentro de cada tipo de patología de la personalidad, sin llegar a ser patológico, hasta que ya, fuera de ese continuum, se encuentran el pequeño porcentaje, relativamente hablando, que sí que padece patológicamente el “trastorno” con todas sus características. Tal como yo o veo, y hasta donde estoy informado, sólo conozco un estudio, efectuado el año 1984, en el que se estimó que el porcentaje de personas sanas psicológicamente es de un 1% de la población. Quizás este 1% se ve libre incluso del “estilo” de personalidad. Lo que quiero decir es que las personas –la mayoría de la población- sufre el estilo y éste, a mi entender tiene que ver con personas que no necesitan psicofármacos ni psicoterapia para “curarse” pero sí para desarrollarse mejor como personas, es decir, aproximarse lo más posible a aquel 1% de población que quizás no sufra ni el “estilo” de personalidad. Tiendía a pensar que, en un futuro no muy lejano, debido a que los psicofármacos son cada vez más eficaces tanto en las enfermedades mentales como en los trastornos psicológicos comunes como la depresión, la ansiedad, el estrés, etc., los psiquiatras quizás se especializaran en la utilización de los psicofármacos para tratar todo tipo de trastornos. Y, sin embargo, la psicoterapia quedaría reservada para los procesos de “desarrollo personal” no pertenecientes a la psicopatología. Pero actualmente ya no lo veo así, debido a que tanto los psicofármacos como las psicoterapias son cada vez más efectivas tanto en los procesos de desarrollo normales como en los procesos psicopatológicos.

 

El desarrollo psíquico

El desarrollo madurativo durante la vida no es lineal, sino que avanzamos tres escalones y retrocedemos uno. Ese uno es cuando volvemos a la madriguera para encontrar el descanso, la aceptación incondicional, el amor, la ayuda, la protección, que tuvimos cuando eramos pequeños.

El desarrollo psíquico
El desarrollo psíquico

La espiral hacia fuera quiere expresar la fortaleza de afrontar nuestra realidad presente y futura. La espiral hacia dentro expresa el movimiento de volver a la madriguera buscando un alivio, un descanso que tuvimos en la infancia. A medida que tenemos más edad necesitamos menos frecuentemente retroceder hacia la madriguera, estamos menos tiempo en la madriguera, y las vivencias son menos infantiles cada vez. Así crecemos. Quienes tienen la posibilidad de crecer así, crecen de forma más sana que aquellos que no tienen sostenimiento familiar para poder volver a la madriguera. La investigación indica que se desarrollan de forma más sanas aquellas personas que tienen una familia extensa mayor y mas cohesionada.

Deseo expresar aquí la concepción de la persona que se desarrolla sanamente que describe el psicólogo norteamericano Abraham Maslow en su obra “Motivación y Personalidad” (Sagitario, S.A. de ediciones y distribución; Barcelona, 1963). Citaré algunas de las características de la persona sana (denominadas por el autor “Personas Auto-desarrolladas” o “Personas Self-actualizing”), que aparecen en dicha obra entre las páginas 207 a 266, a saber:

  • Las personas auto-actualizadas se bastan a sí mismas, Dan de sí cuanto permite su capacidad, recordándonos la exhortación de Nietzsche: “¡Llegad a ser lo que sois!”.
  • Las personas auto-actualizadas distinguían más fácilmente lo concreto e idiográfico, que lo genérico y abstracto. La consecuencia es que viven más en el mundo real de la naturaleza que en la masa artificial de conceptos, abstracciones, esperanzas, creencias y estereotipos, que la mayoría de las personas confunde con el mundo… …frecuentemente, están incluso “más” atraídos por lo desconocido que por lo conocido. No solamente toleran lo ambiguo y sin estructurar; les gusta. Totalmente característica es la declaración de Einstein: “La cosa más hermosa que podemos experimentar, es lo misterioso. Es la fuente de toda arte y ciencia.”
  • Que la persona auto-actualizada ve la realidad más claramente; nuestros sujetos ven la naturaleza humana como “es”, y no como ellos preferirían que fueran. Sus ojos ven lo que está ante ellos, sin ser filtrado a través de gafas de varios colores, para distorsionar, dar forma o adaptar la realidad a sus deseos.
  • Las personas self-actualizing pueden ser descritas como relativamente espontáneas en su comportamiento, y todavía mucho más en su vida interior, pensamientos, impulsos, etc. Su comportamiento está marcado por la sencillez y la naturalidad, y por falta de artificialidad o esfuerzos teatrales… …el cmportamiento ético ordinario de la persona media es un comportamiento convencional más que un comportamiento verdaderamente ético, es decir, que está basado en principios aceptados por la generalidad… …la vida motivacional de las personas auto-actualizantes no es sólo cuantitativamente diferente, sino también cualitativamente diferente al de las personas ordinarias. Parece probable que tengamos que construir una psicología de la motivación profundamente diferente para las personas auto-actualizantes, es decir, expresión, ofrecimiento de la motivación, antes que deficiencia de la misma.
  • Una de las características de la persona auto-actualizante, que, en cierta medida, incluyen mucho de lo que ya hemos descrito, es su relativa independencia del medio ambiente físico y social. Esta independencia del medio ambiente significa una estabilidad relativa frente a duros choques, golpes, privaciones, frustraciones y cosas semejantes. Estas personas pueden conservar una serenidad y felicidad relativas en medio de circunstancias que impulsarían a otros al suicidio; también han sido descritas, “auto-contenidas”.
  • Las personas auto-actualizantes tienen la maravillosa capacidad de apreciar de nuevo, fresca e ingenuamente, los bienes básicos de la vida, con terror, placer, maravilla, e incluso éxtasis, por rancias que hayan llegado a ser estas experiencias para los otros. De éste modo para este tipo de personas, cualquier puesta de sol puede ser tan hermosa como la primera, cualquier flor puede ser una belleza extraordinaria, incluso después de haber visto un millón de flores.
  • Los sujetos auto-actualizantes, tienen en general, para los seres humanos, un profundo sentimiento de identificación, simpatía y afecto, a pesar de la cólera ocasional, impaciencia, o disgusto descritos con anterioridad. A causa de esto, desean sinceramente ayudar a la raza humana.
  • Las personas auto-actualizantes tienen relaciones interpersonales más profundas que los demás adultos (aunque no necesariamente más profundas que las de los niños). Son capaces de una unión más completa, mayor amor, identificación más perfecta y obliteración de los límites del ego, de lo que otras personas considerarían posibles… …este amor no implica falta de discriminación. El hecho es que tratan con todo realismo y aspereza a aquellos que lo merecen, especialmente a los hipócritas, pretenciosos, pomposos y “autohinchados”.
  • La persona auto-actualizante se comporta, la mayor parte del tiempo, como si para ella los medios y fines fueran claramente observables. En general tienen ya pautas fijadas y no prestan atención a los medios sino que los consideran completamente subordinados a sus fines.
  • Esta es una característica general a todas las personas estudiadas u observadas. No hay excepción. Cada una de ellas muestra, en un modo u otro, una clase especial de creatividad, originalidad, o inventiva, que tiene ciertas características peculiares.
  • Las personas auto-actualizantes no están bien adaptadas (en el ingenuo sentido de aprobación o identificación con la cultura). Caminan junto a la cultura por diferentes caminos, pero de todos ellos puede decirse que, en un cierto sentido profundo y significativo, resisten a la “enculturación” y mantien cierta separación interior de la cultura en la que están sumergidos… …La actitud interior es, en general, la de que, ordinariamente, no hay que dar importancia a las tradiciones populares… …Por éstas y otras razones pueden ser llamados autónomos, es decir, regidos por las leyes de su propio carácter, más que por las leyes de la sociedad.

La madriguera

Técnicamente, la escuela psicoanalítica ha utilizado el término “regresión” para expresar la necesidad del ser humano de volver a vivenciar la vida de una forma más fácil, protegida, tranquila, de distanciarnos de nuestros problemas. Más frecuentemente se utiliza la palabra “regresión” para decir que la persona padece un trastorno psíquico y que una parte de la personalidad se ha quedado “fijada” a una etapa del desarrollo anterior, de forma crónica

La madriguera
La Madriguera

Técnicamente, la escuela psicoanaítica ha utilizado el término “regresión” para expresar la necesidad del ser humano de volver a vivenciar la vida de una forma más fácil, protegida, tranquila, de distanciarnes de nuestros problemas. Más frecuentemente se utiliza la palabra “regresión” para decir que la persona padece un trastorno psíquico y que una parte de la personalidad se ha quedado “fijada” a una etapa del desarrollo anterior, de forma crónica.

 

La muerte

La muerte
La muerte

También puede significar aquellos momentos en la vida donde el miedo nos domina, o bien, necesitamos descanso, relajación y alejamiento respecto a los problemas que se nos plantean. Es un movimiento regresivo hacia etapas de la vida menos difíciles de afrontar. Utilizando otra forma de simbolizarlo, éste movimiento es similar al de volver a la “madriguera” buscando la calma de etapas de la vida más fáciles o en las que por edad teníamos la protección de nuestros mayores.

Allí donde no se toma en absoluto consciencia del “anhelo de fusión con el otro” aparece el instinto de muerte. No basta la capacidad de sentir y saber que el gran “Otro” de Lacan, existe, es necesaria la aparición del deseo genuino de identificarse con el “Otro”, del deseo de ser como el otro de alguna manera, porque el “Otro” puede ser odiado y ser deseada su tortura y su muerte, como el simple conocimiento de los hechos que ocurren en nuestra realidad cotidiana, desgraciadamente, nos demuestran cada día. Por eso es tan importante, en este sentido, la desrepresión del Principio Materno. Pero no se ha de caer en la desvalorización de ninguno de los dos Principios. El descuido del Principio Paterno entre los aliados al principio de la Segunda Guerra Mundial acarreó miles de miles de víctimas que puedieron ser evitadas, pero la relajación excesiva y la negligencia de no caer en la cuenta de que el enemigo siempre existe y la falta de preparación al respecto, demoró trágicamente la capacidad de reacción rápida de los aliados. El enemigo potencial siempre existe y cuando despierta nunca hace ruido y se vale de todo tipo estratagemas despistadoras. No se debe olvidar que el instinto de muerte, Mefistófeles –como les enseño a mis pacientes y clientes-, no es simplemente una fuerza sin más que empuja a la muerte, sino que es todo un personaje muy, pero que muy inteligente y que se vale de todo tipo de estrategias para menoscabar nuestra propia calidad de vida y la de los demás, así como llevarnos a la muerte biológica en cuanto pueda. Se vale del simple despiste nuestro, “es que se me olvidó”, hasta de las planificaciones más macabras jamás imaginadas, tal como pasó en la Segunda Guerra Mundial. Si nos creemos que la imaginación puesta al servicio de proporcionar dolor humano y muerte, se agotó en dicha guerra, somos de nuevo unos ingenuos en manos del Mefistófeles que llevamos dentro. Nadie se imagina hoy día de qué será capaz la “imaginería macabra” en la próxima gran guerra.

La vida

Este es un mensaje puramente intuitivo. ¿Verdad?

Indica un movimiento hacia adelante. La ilusión de luchar en la vida por aquello que uno más valora. La valentía de permanecer en el presente y el futuro. Significa avanzar tres escalones. Perder el miedo y luchar en la rutina de la vida y en las situaciones difíciles que se nos plantean. Conservar los ideales.

la vida
La vida

Esto parece correcto. Pero no hay que olvidar que la vida es, ante todo, el reino del Principio Materno. Viene a verme una persona cuya estructura es de predominio del Principio Paterno. Es una persona que logra y valora su autonomía personal y su valentía para desenvolverse en la vida. Su lista de cualidades patriarcales es larga y al finalizar lo fundamental que deseo señalar de esta persona describiré varias de dichas cualidades patriarcales en ella. Pero la intención es centrarme ahora en lo que considero el núcleo fundamental de dicha persona. Se defiende muy bien en el mundo laboral, es una persona muy capaz en su trabajo, respecto al que tiene una larga experiencia de veinte años. Es rápido de pensamiento y acción. Tiene, en este sentido, buenos reflejos mentales. Tal como se han puesto las cosas en el mundo del trabajo, donde cada vez más requieren y contratan (tanto en la empresa privada como en la administración) personas rápidas mentalmente, con buena memoria, ágiles en las gestiones laborales, etc., las personas que, constitucionalmente, tienen tendencia a desenvolverse relajadamente, con capacidad de poner atención a las cosas pero pensando despacio y realizando las cosas sin prisas, comprensivas, flexibles, etc., cada vez son recibidas con menos agrado por el mundo laboral que está, mundialmente, envuelto en la vorágine creciente de la rapidez (véase la obra “Elogio de la lentitud. Un movimiento mundial desafía el culto a la velocidad”, de Carl Honoré; R.B.A Libros, S.A.; Barcelona, 2004). Volviendo al paciente, éste es inconsciente de su parte de Principio Materno. Pero desde hace unos seis años le ocurre algo que, para su perfil de carácter citado (véase, al principio del presente libro las características de los Principios Materno y Paterno, para entender mejor estas argumentaciones), es una de las experiencias psíquicas más insoportables para él: sufre episodios de pérdica absoluta de autocontrol, con pérdida, la mayoría de las veces, de la memoria de lo que ha realizado durante el episodio. La tarea analítica que estamos realizando le ha permitido tomar consciencia, por primera vez en su vida del “anhelo de fusión” emocional y sexual. Para su sorpresa, en una sesión psicoanalítica, se sorprendió a sí mismo, verbalizando su deseo de “fusionarse” sexualmente, y lo asoció, en el fluir espontáneamente de su verbalización, con dos cuerpos desnudos entrelazados y totalmente relajados. Se sorprendió a sí mismo al darse cuenta de lo que acababa de decir, y expresó que era la primera vez en su vida que utilizaba la palabra fusión (y no se trata de una persona lectora de temas psicológicos) y también la primera vez en su vida que espresaba esas emociones. Al indicarle que la “relajación” va con el Principio Materno y que la “tensión” con el Principio Paterno, se quedó impresionado y manifestó que hacía unos diez años que no paraba de tener en mente su necesidad de relajarse, pero que no lo conseguía. Con la toma de consciencia de su anhelo emocional de fusión sexual, ha sabido de la existencia de dicho anhelo, pero éste es sólo la parte visible de un iceberg cuya parte aún invisible (inconsciente) es nada menos que casi todas las características del Principio Materno que se encuentra, casi totalmente reprimido en esta persona. Es el Principio Paterno el que mantiene esta férrea represión sobre el Principio Materno. Suele ser así. Para el Principio Paterno la toma de consciencia de “anhelos de fusión”, sexuales o no, es algo que le produce mucha angustia debido a que donde se sienten deseos de “fusión” satisfechos aparece el deseo de volver periódicamente a dicha satisfacción y esto es entendido y sentido por el Principio Paterno como una “dependencia” del “otro”, dependencia que es abiertamente rechazada por el Principio Patriarcal. Pero el Principio Materno está pleno de sentido existencial y tiene una enorme capacitad de dar sentido a la vida, es decir, hay mucho en juego para la persona como para mantenerlo reprimido toda la vida. Si el juego de fuerzas existenciales y circunstanciales de una persona de predominio del Principio Patern cambia, ocurre lo que a ésta persona, el comienzo de la desrepresión correspondiente. Pero esto es vivido como un movimiento sísmico por la persona y moviliza angustias intensas durante todo el período que lleve la desrepresión. Una vez lograda ésta, la angustia desaparece, si bien, la parte equivocadamente denominada “frágil” de la personalidad ya está en la consciencia y la persona pierde definitivamente la pseudoseguridad que le hacía sentir el Principio Paterno cuando éste dominaba la consciencia. Existencialmente la persona ya no será la misma. Por primera vez en su vida y para siempre, habrá comprendido que la “debilidad” y la “incapacidad” también existen y no son fruto de la “poca fuerza de voluntad”, pero también la persona aprenderá que existe la empatía, la solidaridad, la fuerza de la unión, la compasión, el “principio misericordia” que se comentó en otra parte del presente libro, y muchas cualidades humanas que tienen la fuerza de la “hoja de hierba” que es capaz de doblarse en sí misma un ángulo de 180 grados sin romperse. Por lo demás, la persona de cuyo psicoanálisis me he referido, todavía reside en el reino de lo paterno –que también es necesario en la vida- con cualidades patriarcales útiles y variadas, si bien, en este caso, excesivamente circunscritas a su trabajo, como su competitividad, su respeto pero no sumisión a los jefes, su capacidad de trabajo en equipo, su predisposición de servicio al cliente desde lo paterno, su vocación de enseñar a sus compañeros aspectos del trabajo pero sin el menor atisbo de sentimentalismo o dependencia, su responsabilidad, el recurrir a los jefes solamente cuando necesita saber algo que por su misma naturaleza sólo lo pueden saber los jefes y no buscar ningún tipo de apoyo emocional en éstos, su deseo de responsabilidad en el aprendizaje mutuo contínuo, su búsqueda genuina de nuevos conocimientos profesionales, la búsqueda de su sentido de poder (laboral) para lograr vivir bien, su coraje por ser cada vez más independiente en el mundo laboral, etc.

 

El Submarino

Este dibujo quiere representar a un submarino descansando en el fondo del Mar Mediterráneo, en plena segunda guerra mundial. Para no ser detectados, el Almirante ha ordenado a toda la tripulación que apaguen todas las máquinas y guarden silencio absoluto. Es una orden correspondiente al Principio Paterno Sano.

El Submarino
El Submarino

Por otra parte la posición del submarino ha de ser un “secreto” absoluto. El “secreto” es un concepto perteneciente al Principio Paterno Sano.

En un sentido más amplio la imagen del submarino evoca el “Arte de Callar”, obra de la que hemos hecho referencia con anterioridad, con motivo de ejemplificar lo importante que es para el Principio Paterno callar tanto como se pueda en la vida. En las páginas 55-58, dice así:

Diferentes especies de silencios

Hay un silencio prudente y un silencio artificioso.

Un silencio complaciente y un silencio burlón.

Un silencio inteligente y un silencio estúpido.

Un silencio aprobatorio y un silencio de desprecio. Un silencio político.

Un silencio de humor y de capricho.

  1. El silencio es prudente cuando se sabe callar oportunamente, según el momento y los lugares en que nos encontremos en sociedad, y según la consideración que debamos tener con las personas con quienes nos vemos obligados a tratar y a vivir.

  2. El silencio es artificioso cuando uno solamente calla para sorprender, bien desconcertando a quienes nos declaran sus sentimientos sin darles a conocer los nuestros, bien aprovechando lo que hemos oído y observado sin haber querido responder de otro modo que mediante maneras engañosas.

  3. El silencio complaciente consiste no sólo en aplicarse en escuchar sin contradecir a quienes se trata de agradar, sino también en darles muestras del placer que sentimos con su conversación o con su conducta; de modo que las miradas, los gestos, todo supla la falta de la palabra para aplaudirles.

  4. El silencio burlón es una reserva maliciosa y afectada para no interrumpir, en las cosas carentes de sentido o desconsideradas, las tonterías que oímos decir, o que vemos hacer, para gozar del placer secreto que proporcionan quienes son sus víctimas, imaginándose que uno los aprueba y admira.

  5. Es un silencio inteligente cuando en el rostro de una persona que no dice nada se percibe cierto talante abierto, agradable, animado, e idóneo para reflejar, sin la ayuda de la palabra, los sentimientos que se quieren dar a conocer.

  6. Es por el contrario un silencio estúpido cuando, inmóvil la lengua e insensible el espíritu, toda