Trastorno explosivo intermitente y principio paterno excesivo

Se desea indicar con este dibujo que cuando la estructura de personalidad es de predominio del principio paterno hay un grado mayor o menor de fragmentación en la personalidad, lo cual implica que hay irradiación, es decir, hay síntomas de diverso tipo e intensidad. También indica que la persona tiende a sufrir trastorno explosivo intermitente cada vez que se enfrenta a una situación no empática. Recordemos que las tres posibles reacciones ante una herida narcisista por fallo de empatía son la depresión, la huida o la agresividad hacia el otro.

Trastorno explosivo intermitente y principio paterno excesivo
Trastorno explosivo intermitente y principio paterno excesivo

Hace muchos años vino a verme una pareja en la cual él sufría un trastorno explosivo intermitente que se manifestaba con gritos, patadas, y rotura de objetos –como es típico en los trastornos explosivos intermitentes-, y que los sufría con relativa frecuencia de tanto en tanto. Era fundamental, además del tratamiento psicofarmacológico y del tratamiento psicoeducativo a ambos miembros de la pareja, el averiguar cual era la causa de las explosiones. El tratamiento duró dos años, al cabo de los cuales el paciente logró superar por completo las explosiones agresivas, no así la causa de fondo que se vió. Él era una persona de predominio del Principio Paterno en su personalidad. Poco a poco se puso de manifiesto que desvalorizaba a su mujer. Con la continuación de la exploración psicoanalítica antropológica, se vió que el padre del paciente, según éste, tenía la misma estructura de personalidad paterna o patriarcal que él. Se identificaba muy positivamente con su padre. La relación era, según él, de mutua admiración. Al parecer eran dos personas que se idealizaban una a la otra y a sí mismas, de forma que, según mi punto de vista, ninguna de ambas habían sufrido el proceso de desidealización óptima respecto a la grandiosidad genética, esta vez, en ambos, del Principio Paterno. Dicho de otra forma, ninguno de ambos, ni padre ni hijo, había sufrido nunca en sus vidas un proceso que podríamos llamar de “decepción óptima” respecto de sí mismos y respecto uno del otro. No permitieron, por así decirlo, que la realidad modificara los anhelos grandiosos de perfección en ninguno de ambos. A partir de ahí, el paciente, el hijo, ya que es a él al que estamos analizando, comparaba constante y diariamente la personalidad de su mujer con la personalidad de su padre, y centraba su atención en la “feliz” identificación que él sentía hacia su padre y la “infeliz” falta de identificación de él con su mujer. Como no podía ser de otra manera, él, a partir de la diferencia de entre la felicidad sentida en la relación con su padre y la infelicidad sentida en la relación con su mujer, culpaba de ésta situación y de todo el problema a su mujer, argumentando que ésta no tenía el carácter que él pudiese admirar y así sentirse feliz en la relación con su mujer. Naturalmente, el carácter de ella debía ser como el de su padre, y las diferencias eran consideradas como fallos de la personalidad de ella y nunca de la de su padre. El padre idealizado estaba libre de defectos en su forma de ser. Pero no fue –como nunca lo suele ser- la toma de consciencia de él de esta problemática interna, lo que acabó con las explosiones agresivas cada vez que el tema de fondo se concretaba en una frustración cotidiana vivida por él en relación al supuesto carácter indebido de su mujer, sino la combinación del tratamiento psicofarmacológico para él y del tratamiento pscoeducativo para ambos a fin de que ambos aprendieran cómo tenían que actuar desde el momento que él detectase el inicio de la explosión agresiva en él y/o desde el momento en el que ella detectava que en e´l se estaba poniendo en marcha la agresividad. No es fácil acertar con qué actitud hay que tratar a una persona que está padeciendo un episodio de un trastorno explosivo intermitente. Es fácil saber lo que no hay que hacer, como, por ejemplo, discutir, sermonear, callarse de forma descalificatoria, enfrentarse agresivamente al paciente, etc., que saber lo que hay que hacer. Desde luego lo que hay que hacer es transmitir una actitud serena , considerada y empática al enfermo, pero es muy difícil lograr que al paciente le llegue dicha actitud adecuadamente adoptada por el conyuge. Curiosamente, este trastorno aparece con las personas conlas que tenemos relaciones afectivas más profundas y es raro fuera de dichas situaciones. En este sentido es un trastorno que se vive y se sufre, casi siempre, en familia.

One thought on “Trastorno explosivo intermitente y principio paterno excesivo

  1. Buenas. Yo cuando tenia como 9 a 16 años tenía taques de furia. generalmente tiraba una cosa contra otra dos veces o con una patada dañaba laguna silla. una vez rompí una y no supe como. eso despareció y fue literalmente extinto… tanto que me gustaba pues las situaciones frustrantes las tomaba «como una persona normal». Pero ya no así. casi 20 años después.. pude iniciar a cuidar gatos… pero me llevo la sorpresa que generan en mi sus huidas… que no los pueda coger a ratos o que no se deje secar… y de repente una taque de furia de toma el control y los golpeo fuerte. Siento cierta relajación y hasta gusto de hacerlo pero obvio … no me gusta. pero reconozco cierto gusto al hacerlo… hay algo en su indefensión y miedo que me gusta… hasta siento que lagunas veces he provocado esa situación … pero pocas veces…

  2. Hola!! Muchas gracias por la información, me abrió la mente.
    Siempre supe mi novio era explosivo y en cierto punto enojón. Casi siempre el adjudicaba su mal humor al tráfico de la ciudad, a la falta de empleo ahí por tanta competencia, a la contaminación que le impedía hacer ejercicio, a la cantidad de gente, etc.
    Total que nos fuimos a vivir a provincia para mejorar la calidad de vida. Conseguí una casa lindisima y nueva para los dos. La cosa resultó peor!! Ahora vive de mal humor, porque hace calor, porque no tiene empleo, porque me río fuerte, porque lavo la ropa, porque no caben sus cosas. Es decir, por todo…hasta me dijo que se siente arrimado.
    Leyendo su artículo entendí muchas cosas, me encantaría me orientaran para saber cómo tratarlo. Porque cada vez que le digo que ese mal humor me hace daño, se pone peor. Grita y me dice comentarios muy hirientes. Que en ocasiones no vienen al caso.
    Qué puedo hacer? Siempre trato de alentarle con amor, pero poco a poco se me acaban las fuerzas.
    Muchas gracias!
    Saludos.

  3. Acabo de separarme de mi marido porque sus explosiones cada vez eran peores y llegaron a la violencia física hacia mí sin ningún motivo. Antes eran insultos pero después empezaron los empujones y tiradas de pelo, hasta incluso me tomó del cuello. Antes se controlaba de no tocarme y llegaba a tirar cosas pero últimamente no se controlaba conmigo y ya no le bastaban los insultos. Sentía que pasó una barrera y ya no había marcha atrás. Hasta llegó a maltratarme físicamente delante de una visita, y gritarme en lugares públicos. También enfrentó a la policía por explotar en un negocio por no tener la pintura que quería. Ya temía por mi vida. Aunque lo amo, y no lo enfrentaba, ya no sabía cómo manejar la situación. Si lloraba, me insultaba más. Si le hablaba tranquila, me gritaba que le hablara fuerte y si le hablaba fuerte o le quitaba la vista de encima, me decía que lo estaba provocando!. Aunque está bajo tratamiento psiquiátrico, la medicación no parece hacerle efecto

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